23 años se cumplen de la noche trágica del Mateo Flores.

16 DE OCTUBRE 1996. La tragedia del Mateo Flores que dejó 84 Fallecidos.

Que esto no se repita nunca más. Era un miércoles que se sentía como domingo. Cientos de personas apuraron el horario de trabajo, forzaron a los relojes a moverse más rápido para salir más temprano y correr al estadio. Había algo en el aire –algo que casi siempre está antes de un partido– que les decía que ese iba a ser el día más anhelado, el día en que Guatemala le ganaría a Costa Rica. Las colas en las afueras del estadio eran gigantescas, como una serpiente amazónica, de esas cuyo rostro y cola no se pueden ver a la vez.

La Confederación Deportiva Autónoma de Guatemala (CDAG) había autorizado a la Federación de Fútbol a vender 45 mil 796 boletos para el partido. Se vendieron casi de inmediato, nadie cuestionó si eran muchos. El partido empezaría a las 8, pero a las 6 la Policía ya había detenido a un revendedor con un fajo de boletos falsos. A las 6:30 el estadio ya estaba rebosante y un sinfín de personas todavía aguardaba a entrar. A las 19:15 cerraron las puertas. No cabía nadie más. Pero la gente no estaba dispuesta a quedarse con el boleto comprado y escuchar el partido por la radio; así que, enardecidos, lograron derribar la puerta de la General Sur y entrar en una horda que empujó a los que ya estaban dentro sobre los demás y que, al final, acabó con la vida de 83 personas e hirió a unas 200.

Muchos factores se confabularon para que sucediera la tragedia. El Ministerio Público (MP) determinó más tarde que había al menos 7 mil boletos falsos y que algunos porteros les decían a los asistentes que los niños entraban gratis y que vendieran sus billetes. El presidente Álvaro Arzú formó una Comisión para que investigara el caso, y se determinó, entre otras cosas, que el aforo que habían contemplado era inadecuado. El ingeniero que estuvo a cargo de construir el estadio, Juan de Dios Aguilar, aseguró que no había sido diseñado para más de 34 mil personas y el Colegio de Ingenieros –al que el MP pidió un estudio– determinó que se vendieron 13 mil 120 boletos de más legalmente, aparte de los falsos. Es decir, al menos había 20 mil personas más allá de la capacidad del estadio.

Con la venta de esos boletos se recaudó Q1 millón 445 mil, que más tarde fueron utilizados para indemnizar a los familiares de las víctimas. La de Marco Tulio Chamalé recibió Q10 mil por cada uno de los hermanos que fallecieron.

Otra de las causas de la tragedia fue la lenta respuesta de los encargados del estadio. Las puertas de malla que daban a la cancha tenían candado y nadie tenía la llave cerca, además abrían hacia adentro, lo que complicaba la salida. ¿Qué ha cambiado en 23 años? ¿Aprendimos la lección?

La Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) evalúa cada año la seguridad de los estadios, la puntuación máxima es de 5 puntos, Guatemala recibió 3.5. “Pasamos raspados”, dice Juan José Cifuentes, secretario de la CDAG. Sin embargo hay muchos aspectos que se han mejorado. Hace 15 años se permitían eventos con más de 40 mil personas, ahora han reducido el aforo a 28 mil. Para controlarlo se instalaron butacas de plástico, así no hay forma de que más personas se sienten. Los pasillos tienen vigilancia.

Antes las puertas eran solo de una hoja y ahora son de dos, son más grandes y de abatimiento inmediato. Cadena y candado plástico de fácil rompimiento.

Se mantienen dos agentes de seguridad en cada puerta para evitar que haya invasión de cancha, pero las puertas no tienen llave, en cualquier momento los agentes las pueden abrir. Se implementó un plan de seguridad de emergencia y evacuación en el que colaboró Conred, Emetra, PNC, la Federación de Fútbol y el Ejército. Se bajó la altura de la malla en todas las localidades, se ampliaron los pasillos de emergencia que dan directo a las puertas de emergencia que dan entrada a la cancha. Lo anterior redujo el aforo del Coloso de la zona 5 y ahora se respeta un 35% de menos boletos en relación a su capacidad máxima anterior que era de 29,600 para eventos en los que previsiblemente podría tener lo que antes se conocía como UN LLENO COMPLETO. Ahora como medida preventiva ya no se da el lleno total.

La mayoría de estadios del mundo tienen la evacuación hacía el exterior inmediato y no a la gramilla. Ahora EMETRA colabora en cerrar las calles inmediatas al estadio que cambio su nombre por DOROTEO GUAMUCH FLORES.

¿Entonces, si hay tantas mejoras, por qué no ganamos con 5 puntos el examen de la FIFA? “El estadio está cumpliendo 60 años y por lo mismo no puede llenar todos los requerimientos”, argumenta Cifuentes. Uno de esos requerimientos es, por ejemplo, quitar la malla que separa el graderío de la cancha “pero para poder quitarla el estadio tendría que estar en un ángulo de 22 grados y está en uno de 45 grados”, explica; algo más, la FIFA pide que la salida de emergencia no lleve directamente a la calle, sino a un área amplia, abierta y segura, “aquí no podemos evitar que salgan a la calle.

En 1996 se falsificaron entradas, ese es uno de los grandes retos para los organizadores de eventos deportivos. “Por más medidas de seguridad que les pongamos, siempre se las ingenian para falsificarlas” se lamentaba Juan Carlos Plata del Club Municipal. En el mundial de Sudáfrica uno tenía que presentar el pasaporte y la tarjeta de crédito con la que compró la entrada para recogerla. Había muchísima seguridad. Aún así en los hoteles se acercaba gente a vender entradas, eso ahora se controla con las entradas que tienen la impresión del código de barras y huellas digitales.

Redacción Central.
Fotografías: ARCHIVO DE ROJOMANIA / Recorte de PRENSA LIBRE.